NOSOTROS


No es solo que nos pasemos la ley escrita por el forro de las botas (como hace cualquier banquero, político corrupto o sheriff de tres al cuarto), es que nos meamos directamente en el espíritu de sus malditas normas. Básicamente, cabalgamos fuera del mapa de la civilización. Tenemos un único plan: pegarle un vuelco a las reglas de este maldito juego. Cuando damos en el blanco, este puto mundo se vuelve un lugar más salvaje y divertido. Y si fallamos, qué demonios, al menos habremos montado un buen tiroteo.


​A menudo, la única puta diferencia entre un agente de la ley y un forajido con el gatillo fácil es el trozo de lata brillante que uno lleva en el pecho. Hacían falta un par de huevos bien puestos para portar esa placa, y pasarse el "debido proceso" por el ojo de la aguja. Así que me calzo la estrella para la ocasión; me avalan los años de polvo en el camino y un buen puñado de muescas en la culata del revólver.


​A estas alturas no me voy a andar con rodeos ni a enseñaros papelorios manchados de grasa con numeritos de feria. He cabalgado por el desierto real y por el digital. He parido ideas desde la nada, he escrito proclamas que revientan cabezas y he plantado carteles de "Se Busca" que quitan el hipo. Por no hablar de las dos veces que me tocó capitanear el rancho de editoriales independientes, domando a la banda y manteniendo el negocio a flote. Así que dejémonos de cháchara y sirve otra ronda de whisky.

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