Esos malditos forajidos del viejo Oeste pasaron a mejor vida hace tiempo, pero su fantasma sigue rondando por aquí y nos gusta tanto como el primer día. No nos engañemos: nos encanta su rollo y sirve para un roto y un descosido.
Llevamos una eternidad obsesionados con estos sarnosos. Hasta los sabelotodos de biblioteca llevan siglos gastando tinta intentando descifrar por qué cojones nos importan tanto y cómo es que se han colado en nuestros libros, películas, baladas y pinturas de salón. Hay leyendas de bandidos para aburrir. Sobre todo la de ese "forajido con corazón de oro" al que el pueblo llano idolatra. Se monta un sindiós tremendo entre estos tipos y su gente, porque al final del día, esos forajidos hacen en voz alta lo que el resto del pueblo solo se atreve a murmurar cagado de miedo en la taberna.
Ese cabrón del póster de "Se busca" es, en el fondo, lo que todos desearíamos ser cuando nos calamos el sombrero. Y ahí es donde entramos nosotros, como una banda de forajidos creativos dispuestos a reventar a dinamita el negocio editorial, la publicidad y el cotarro cultural.
Aviso de la oficina del Sheriff: Prepárate, porque venimos a asaltar el tren y no vamos a dejar ni las migas. ¡A cubierto!