Disparando creatividad.

¡Desenfunda, forastero!


Esos malditos forajidos del viejo Oeste pasaron a mejor vida hace tiempo, pero su fantasma sigue rondando por aquí y nos gusta tanto como el primer día. No nos engañemos: nos encanta su rollo y sirve para un roto y un descosido.


​Llevamos una eternidad obsesionados con estos sarnosos. Hasta los sabelotodos de biblioteca llevan siglos gastando tinta intentando descifrar por qué cojones nos importan tanto y cómo es que se han colado en nuestros libros, películas, baladas y pinturas de salón.
​Hay leyendas de bandidos para aburrir. Sobre todo la de ese "forajido con corazón de oro" al que el pueblo llano idolatra. Se monta un sindiós tremendo entre estos tipos y su gente, porque al final del día, esos forajidos hacen en voz alta lo que el resto del pueblo solo se atreve a murmurar cagado de miedo en la taberna.


​Ese cabrón del póster de "Se busca" es, en el fondo, lo que todos desearíamos ser cuando nos calamos el sombrero. Y ahí es donde entramos nosotros, como una banda de forajidos creativos dispuestos a reventar a dinamita el negocio editorial, la publicidad y el cotarro cultural.


​Aviso de la oficina del Sheriff: Prepárate, porque venimos a asaltar el tren y no vamos a dejar ni las migas. ¡A cubierto!

 

 

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